Messi, nunca los finales son buenos

Se va un referente, una imagen, una institución dentro de una institución. La piedra que soporta una gran muralla, la sal del mar, el balón en el fútbol’

Lionel Messi fuera del Barcelona. Casi nadie podría haberse imaginado en un futuro cercano que Messi no fuera más un jugador del Barcelona. O sí, muchos lo imaginaron en unos 3 ó 5 años cuando ‘la pulga’ cumpliera determinada edad que no le permitiese continuar jugando al fútbol, o por lo menos, no al nivel requerido en el club catalán.

Si nadie podría haberse imaginado que Messi, aquel jugador que llegó a la cantera del Barcelona con 9 años para convertirse en el jugador más importante en la historia del club y en uno de los más destacados del fútbol español, no solo se iría del Barça aún con fútbol para dar, sino con un ‘burofax’, desde el sillón, lejos de sus aficionados y con una derrota ante el Bayern de Munich como último recuerdo sobre el campo.

Los finales nunca son buenos cuando la historia siempre fue buena. Nunca hemos aceptado que Jack no haya podido caber en la misma puerta que Rose en el final de Titanic y mucho menos los hinchas del Barcelona aceptarán que Messi se vaya con un fax, firmado por él pero escrito por sus abogados.

Foto EFE

Nunca los finales son buenos en una historia tan magnífica. La incertidumbre que sienten en este momento los aficionados del Barcelona y el dolor que están por sentir podría compararse a muchos que ya se han dado en el fútbol español. La salida de Raúl, Casillas y Cristiano en el Real Madrid, la despedida del ‘Niño’ Torres del Atlético de Madrid y en un futuro próximo el adiós de Joaquín para el Real Betis, como por nombrar algunos.

Messi es el Barcelona y el Barcelona es Messi. Messi le debe al Barcelona que haya sido el lugar donde creció futbolísticamente, donde fue conocido y admirado por el mundo entero y el lugar que lo cobijó, que lo rodeó de lo mejor de lo mejor para poder llegar, algún día, a tocar el cielo con las manos.

El Barcelona por su parte le debe a Messi un nombre y un legado. Messi le dio al Barcelona un después grandioso a un antes paupérrimo. El antes y el después del Barcelona está escrito por la consecución en el mundo del fútbol de Lionel Messi.

Messi le dio al Barcelona el número uno del pódium en su momento. Le dio cuatro de las cinco Ligas de Campeones que decoran sus oficinas y puso económicamente al Barca en el top de entidades deportivas más importantes del planeta.

Las miradas y las emociones blaugranas se mezclan entre tristeza, nostalgia y odio. Odio hacia un presidente que no fue capaz de gestionar una entidad y que no solo ha sumado, óigase bien, ‘sumado’ no provocado, que Messi quiera salir del Barcelona. Su casa.

Josep María Bartomeu será recordado como el presidente que dejó ir a Lionel Messi. El presidente que quebró institucionalmente al Barcelona y lo puso en una crisis económica sin precedentes, como coincidencia en el peor momento que podría vivir el mundo entero, en medio de una pandemia médica y económica y donde el club deberá romper el marranito para intentar suplir la baja de un jugador de tal magnitud.

No se va un delantero, no se va un goleador, no se va un capitán (que pocas veces demostró serlo). Se va un referente, una imagen, una institución dentro de una institución. La piedra que soporta una gran muralla, la sal del mar, el balón en el fútbol.

Razones de sobra tendrá Messi para encontrar en su salida una solución a su estabilidad emocional y futbolística. El club no se encuentra en su mejor momento económico, la dirección deportiva se encuentra como pollo sin cabeza y el momento de afrontar una renovación de plantilla ha llegado y no es posible que sea a sus pies.

Ese proyecto debe forjarse en una piedra nueva, que no esté maltratada por los años, la lluvia y el sol

El Barcelona se encuentra en el proceso de construcción de un nuevo proyecto deportivo que se soportó en Messi durante más de 10 años. ¿Por qué no contar con Messi en esa renovación?, porque Messi ya no es aquel niño escurridizo que hacía y deshacía dentro del campo.

Messi es ahora un jugador maduro, con más de 33 años y muchos, muchos kilómetros en sus piernas. Ese proyecto no puede basarse en un jugador que puede rendir y dar el máximo, además de ser determinante, por 2 ó 3 años más. Ese proyecto debe forjarse en una piedra nueva, que no esté maltratada por los años, la lluvia y el sol.

Recuerdo la primera vez que vi a Messi en vivo. Llevaba muchos años de haberlo sufrido. No es un secreto que toda la vida vi jugar a Messi mientras odiaba que destrozara cuando podía al Real Madrid.

Recuerdo haberlo visto en el Santiago Bernabéu. Acudí entusiasmado de vivir mi primer superclásico del fútbol mundial. Real Madrid vs Barcelona. El Clásico del fútbol.

Tenía curiosidad. Quería ver si en vivo era tan bueno. Quería ver si la velocidad que imponía en su juego era exageración de la televisión o un efecto de magia de la transmisión. Quería ver si era tan pequeñito como decían, lo era.

Ese día Messi y su banda destrozaron el Real Madrid y lo humillaron en su casa imponiéndole un 0-3 definitivo. Ese día vi cómo Messi daba una asistencia sin una de sus botas. Ese día decidí disfrutar desde el lado opuesto el talento de uno de los mejores jugadores que han dado los dioses del fútbol. Ese día vi al mejor jugador del mundo.

Foto EFE

Messi se va del Barcelona y ya no es ese jugador que te puede marcar la diferencia cuando las cosas se ponen mal. Lastimosamente Messi dejará las arcas del Barcelona con la cabeza baja y su mano derecha acariciando su barba. La misma imagen que dejó ante Roma, Liverpool y Bayern de Munich.

Seis balones de oro, seis botas de oro, 731 partidos oficiales, 16 temporadas, 33 títulos. Eso no es lo que deja Messi en el Barcelona. Deja un legado, una vara muy alta e imposible de superar. Deja recuerdos, aliento, alabanzas, deja un asiento vació en el Camp Nou y un hueco inmenso en el corazón de los blaugranas.

Se podría decir que con la partida de Messi pierde el fútbol, pierde LaLiga, claramente pierde el Barcelona y pierden los aficionados barcelonistas. De cierto modo es cierto.

Por otro lado ganan muchos. Gana el aficionado que quiere ver a Messi en otro club donde demuestre que ahí también puede ser el mejor. Gana el aficionado que como yo, en aquel día, podrá saber si ese tal Lionel Messi es tan bueno.

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