Siempre pensé que como yo no habría alguien más, alguien que viera en su vida una constante analogía con el deporte; el hecho de caerse y levantarse, de perder y aprender a partir de ahí a prepararse para la próxima victoria, de no rendirse hasta el final, sabiendo que el partido ya lo tenías perdido. Pensé que como yo no habría otro, hasta este día. 

Desde pequeño, fui campeón de múltiples campeonatos de natación, fui campeón de Atletismo en salto largo, alto y velocidad, campeón de torneos de fútbol e inclusive formé parte de equipos de Volleyball y Baloncesto, pero fue hasta este día, en el que me sumergí en el mundo del Rugby en silla de ruedas y me di cuenta que el resultado es lo que menos importa, que el valor de ganar se pierde cuando todos ya son unos ganadores. 

Llegué expectante, con ganas de conocer un poco más y con ese sentimiento de pena que le infunde la sociedad a uno ante personas con algún tipo de discapacidad, algo que cambió conforme pasaron cada uno de los minutos de cada tiempo, cuando la verdadera enseñanza llegó hasta el final. 

Conforme se acababan los segundos y el tiempo corría, a falta de 1 minuto 4 puntos separaban al visitante del local, después de ir casi 14 puntos arriba, cuando comprendí que no es la velocidad, no es el talento, son las ganas de salir adelante y demostrar hasta donde nos puede llevar nuestro amor al deporte. 

No importa quién ganó, no importa cuántos puntos marcaste, no importa quién se llevó la victoria; importan las manos heridas, las ampollas sangrando en tus manos, el esfuerzo que dejaste y la ilusión de ponerle la cara a la vida y rodar hacia adelante para demostrarte a ti y a los demás, que no es necesario estar de pie para lograr lo que nos proponemos.

Al final del partido me llevé un gran recuerdo; el más agresivo, el que más veces ocupó la zona de castigo y que a pesar de haber perdido, fue el primero en tener una sonrisa con su rival, fue el más emocionado, el que más disfrutó por haberlo dado todo y no haberse llevado nada…

Es increíble hasta dónde puede llegar el amor al deporte y las ganas de salir adelante, que unidos pueden superar cualquier lágrima y recuerdo trágico que te atormenta cada mañana al levantarte y no poder a veces depender de ti mismo. 

Para él y todos sus compañeros, mi admiración y respeto, porque me dejaron una enseñanza para toda la vida.

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